miércoles, 30 de enero de 2013

Despertares

Cada lunes a la mañana
me desvisto de máscaras.

Levito sobre el aire
          un rato,
y me vuelvo, sin más,
          a la cama.

Permanezco, tal vez, un minuto
observando los dibujos del sol.

Como un neurótico convencido,
planeo minucioso la semana,
con la firme intención,
que no pasará lo inventado.

Me acuso entonces de pesimista,
de no concederme sueños,
del negativismo íntimo,
donde se forjan los culpables.

Entonces,
          sonrío.

Me levanto lentamente
con sonrisa kafkiana.

Observo las pasillos de casa,
las alfombras invisibles,
los cuadros de cera
que jamás vi pintados.

Observo todo lo que no está,
y me emociona lo que veo.

Camino siendo otro
          otro rato,
viviendo lo que no vivo
y soñanado lo que sueño.

Y al mirarme en el espejo,
solamente,
sonrío y me celebro,
¡pues sigo vivo!

Dejemos hablar al amor

Se nos acabaron las culpas,
los ojos del rencor y las miserias,
la desidia, los tabúes, la histeria,
las ganas de pedirnos disculpas.

Se nos terminaron las arrogancias,
las defensas, los bloqueos, la verdad,
los gritos de clemencia y de piedad,
los compromisos de urgencia.

Desprovistos de pasajes y peajes,
de máscaras de colores,
de paraísos extraños y extraños olores,
desprovistos de hipócritas oleajes.

Se van muriendo las distancias...
los porqués y sus justificaciones,
la defensa a ultranza de declaraciones,
el ruido de batallas, las ausencias.

El miedo, nos ha dejado solos:
tu mirada desnuda y el mar,
mi pecho sediento y la sal,
nuestros cuerpos, baile de locos.

Ahora sólo estamos los dos:
tú con ésa luna y la sonrisa,
yo con los besos y sus caricias,
Ahora, dejemos hablar al amor.

lunes, 28 de enero de 2013

Desgana

Sangre
           en los ojos.

Rotos
          de hambre.

El vacío ante la vida
y en mis entrañas
sólo
          perdón.
Las espuma de la cerveza,
las calles mojadas.
la lluvia sobre mi pecho,

el vacío

          ante la vida...

Querida nada,

          hoy

sólo a ti te escribo.

jueves, 24 de enero de 2013

Ecuación despejada


Es simple, la ecuación:
yo te quiero, y tú no.

Y ya no hay más batalla
en la que hacernos daño
con nuestras espadas.

Ni tampoco existe cambio:
mi sentimiento
pertenece al Universo.

Y eso es todo.

Yo te quiero, y tú no.

Y mi amor se filtra por las aceras,
por las que pasas...
¡y por las que no!